El llamado Cerdo Mediterráneo

Hasta la mitad del siglo precedente, los cerdos de razas autóctonas conocidas desde la antigüedad, representaban la mayoría de los porcinos censados en los diferentes países mediterráneos, Croacia, España, Francia, Italia, Portugal, Eslovenia.

Estas razas presentan varias características comunes, un color negro, una gran sobriedad, una adaptación a su medio natural de origen, en el cual encontraban su alimentación desplazándose, un crecimiento lento, una proporción de grasa importante y una calidad gustativa de la carne notable.

Estas diferentes razas autóctonas a las especificidades comunes, constituyen la familia de los dichos cerdos mediterráneos.

Con el desarrollo de la ganadería porcina industrial, la introducción de las razas porcinas «blancas» del Norte de Europa, mucho más precoces, magras y que permitían una mejor productividad, entrenó el abandono de la ganadería del cerdo mediterráneo.

Así, las razas autóctonas inadaptadas, a la ganadería intensiva en enclaustramiento y a la evolución del nuevo modo de consumo urbano, conocieron en cada país la misma suerte, la decadencia muy rápida, prácticamente yendo hasta su extinción, para algunas.

La conciencia de su desaparición y pues de la pérdida irreparable del patrimonio genético y cultural se produjo a partir de los años 1970.

La colocación de los programas de conservación que resultó en los diferentes países, permitió salvaguardar un ganado de raza pura y organizar el renacimiento de producciones tradicionales basadas en la cría de cerdos de raza autóctona pura, según un modo de ganadería extensiva, a partir del recurso alimentario del medio natural.

En las diferentes regiones de origen de estos cerdos, ganaderos y artesanos apasionados se comprometieron para crear sectores innovadores y dinámicos para su territorio, valorizando la calidad gustativa típica y excepcional de los productos procedentes de cerdos autóctonos.

Hoy, después de haber permitido preservar el patrimonio genético, estas iniciativas permiten crear empleos en regiones desfavorecidas y los productos tradicionales procedentes de estas producciones se volvieron emblemáticos de su región.

Estos productos son objeto por otra parte, para muchos de ellos de reconocimientos en DOP o IGP, al nivel europeo y participan muy fuertemente en el enriquecimiento de la diversidad gastronómica y cultural en los diferentes países.

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